Posterexploitation volumen 3


Aquí llega la tercera entrega de este desternillante repaso a los carteles del cine de terror y serie B menos originales de la historia. En esta ocasión nos detendremos a analizar tres tipos de carteles repetidos hasta la saciedad: puertas aterradoras, reflejos espeluznantes y posters monocromáticos.



Una película de terror sin una puerta que chirría es como una hamburguesa sin queso, aceptable aunque lejos de ser perfecta.
Por lo tanto en toda película de género que se precie no debe faltar la típica puerta del sótano, del ático o del almacén; la barrera que separa lo seguro de lo desconocido. Sólo los más temerarios osan franquearla, conscientes de que se encaminan hacia una muerte segura.

Por consiguiente a nadie le puede extrañar que a lo largo de la historia los diseñadores hayan abusado de este recurso en la confección de los carteles tal y como llevan haciendo durante décadas los directores en sus largometrajes.





Si los espejos son algo bastante recurrente en los carteles de cine, los retrovisores no le andan a la zaga, y es que sin tener que rascarse mucho la cabeza,los avispados creativos pueden mostrar dos escenas en una.
Claro que al disponer de un espacio tan reducido, las posibilidades son francamente escasas, de tal modo que al final, casi siempre suelen terminar insertando un par de ojos aterrorizados para cumplir el expediente.




¿Cuál es la mejor manera de encubrir un diseño vulgar y simplón? Muy sencillo: teñir todo de rojo. ¿Por qué? Suponemos que por que la sangre da mucho miedo y eso el espectador lo nota a la hora de elegir una película. Ver un rostro amenazante invadiendo todo el cartel puede generar cierto temor, pero si además es de color rojo entonces no hay duda: la película será ciertamente acongojante.


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