La venganza del acorralado (1983)


El mundo ha sido devastado por un apocalipsis nuclear. 
Plantas,animales y hombres han sido aniquilados para siempre.
Bueno, en realidad no. Hombres hay todavía unos cuantos, pero todos malviven en una base bajo tierra donde son explotados por un repeinado anciano llamado Yor.
Este censurable individuo se llena los bolsillos usando mano de obra barata y además manda a sus patrullas de robots a peinar la superficie para aniquilar a potenciales supervivientes radioactivos.

Pero este chollo se le va a terminar pronto gracias a Rush, un bigardo italiano de pelo en pecho con un aspecto a medio camino entre un Rambo sudoroso y un Mad Max de saldo.



Los desalojos por la fuerza pueden suponer un dolor de cabeza para las fuerzas del orden.


En una de esas misiones de exterminio, los mercenarios robóticos se toparán con este lobo solitario y lo llevarán a la base para determinar por qué el tipo puede vivir alegremente en la superficie sin estar cubierto de pústulas ni sufrir diarreas a diario.
Rush terminará trabajando en el campo de concentración y comiendo gachas a diario.
Sin embargo pronto descubrirá el terrorífico secreto del pérfido Yor: la Tierra se ha recuperado del ataque nuclear y todo el mundo puede subir a la superficie y atiborrarse de cactos y de hierbas aromáticas.

Ahora nuestro velludo héroe deberá destapar el engaño y hacer acopio de fuerzas para derrotar al peligroso carcamal.



¿Quién dice que los futbolistas son los que peor fingen una entrada?


Su duración: una hora y quince minutos.

Nulo presupuesto combinado con un guión inexistente.

Las numerosas contradicciones de la historia: el protagonista cuida como oro en paño el tallo de una planta pero cuando escapa lo hace a través de un pinar repleto de árboles. Los esbirros son robots pero a pesar de ello llevan máscaras antigas para resguardarse de la radiación. Y así podríamos seguir hasta el infinito.

Bruno Minniti es probablemente uno de los peores y más inexpresivos actores del cine de acción. Steven Seagal a su lado parece Daniel Day-Lewis.



Yor: "¡Meteos esto en la cabeza! ¡Somos la última esperanza de supervivencia de la humanidad!
¡Y yo soy el amo y señor supremo! ¡Todos podéis dormir, comer y respirar solo porque yo lo quiero!

Lorna: "Dime señor y amo supremo...¿quieres alguna otra cosa? ¿Has decidido si me vas a dar la oportunidad de demostrar mi habilidad interrogando?

Yor: ¡Calla! [...] ¿Cómo pretendes hacerlo, Lorna?"

Lorna: "El fin justifica los medios, pero siempre serás mi amo y señor".

Yor: ¡Prostituta!




Mad Warrior (1984): La tierra ha quedado devastada y los pocos supervivientes malviven en una isla donde un lunático les obliga a batirse en duelos mortales para su regocijo.

El imperio de Ash (1988): Las grandes ciudades han sido destruidas y los supervivientes se han desplazado a los bosques. Una banda de lunáticos se dedica a sembrar el pánico por todas partes, pero cometerán el error de secuestrar a la hermana de un aguerrido ex-miembro de la banda.



Los infectados por la radiación aparecen envueltos en papel "film" transparente y sus pústulas parecen restos de una mascarilla hidratante mal retirada. Las muertes se producen sin derramamiento de sangre. El cielo radioactivo a veces aparece coloreado en rojo y en otras ocasiones es tan azul como el fondo de la piscina de un hotel.




Lorna está dispuesta a ofrecer su cuerpo al varonil Rush con tal de complacer a su jefe, pero al final no pasa nada, y todos conservan la ropa en su sitio.

"La venganza del acorralado" puede ser una de las peores películas post-apocalípticas italianas de la década de los 80, lo cual ya es mucho decir teniendo en cuenta la existencia de joyas como "Executioner" (1984) o "Guerreros de la ciudad" (1987).

El raquítico presupuesto provoca que la acción se desarrolle en localizaciones tan llamativas como un pinar, en unos invernaderos abandonados o una estación depuradora de aguas. 
Las peleas son tan torpes que los actores no se tocan por varios metros y las incongruencias en el "guión" se cuentan por decenas.

Gordon Mitchell debía estar muy necesitado para participar en esta caótica producción. Ni siquiera él llega al aprobado en su actuación.

Una película en definitiva solo apta para reunir a varios amigos con grandes cantidades de aperitivos y alcohol con el objetivo de señalar todas las torpezas del director Tonino Ricci.








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